Martes 8 de septiembre de 2009: Mateo 1, 18-24
Mateo 1, 18-24
Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.
Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.
Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa.
+ Reflexión
Poco se habla de San José porque poco se le conoce. En este pasaje nos dice San Mateo que San José era una hombre “justo”. El justo, en la Biblia no es precisamente el hombre “equitativo”, es decir el que da a cada uno lo que le corresponde. En la Biblia, el justo es el hombre que ama a Dios y busca por sobre todas las cosas, y aun a costa de su propia vida, hacer la voluntad de Dios. Por otro lado, es un hombre que es reflexivo y que busca en todo descubrir al “Dios que salva”.
De acuerdo a nuestras categorías de lenguaje, correspondería a “santo”. Con esta palabra es con la que Dios presenta a José. Simplemente pensemos qué clase de hombre tenía Dios que escoger para la Madre de su Hijo y para ser el modelo del esposo y de padre en la Sagrada Familia. Ojalá y todos los esposos y padres pudieran ser presentados como José: como hombres justos, como hombres SANTOS.
Pbro. Ernesto María Caro